25.5.08
De como repostar gasolina en modo autoservicio puede convertirse en una experiencia agradable
Odio las gasolineras en modo autoservicio. Me hacen sustituir el empleo de un gasolinero, haciendo un trabajo que no me gusta, que siempre me tiene en alerta por los posibles salpicados en el traje que me tiene que ayudar a vender en la próxima cita y que no me supone ningún ahorro ni beneficio (excepto para el dueño de la gasolinera).
En ese contexto es difícil salir con buena cara de una parada en medio de la Nacional III volviendo de Madrid a casa, y sin embargo, tengo que contar que así fué:
Después de autoservirme el combustible en mi coche fuí a pagar al interior de la estación de servicio. El señor que me esperaba para cobrarme, sorprendentemente me miró a los ojos, me sonrió, me saludó las buenas tardes y ágilmente recogió mi tarjeta de crédito, leyó mi nombre y acabó por saludarme personalmente vocalizando mi nombre (y a todos nos gusta oir nuerstro nombre, sentirnos reconocidos).
A la vez que me cobraba me ofreció que me adscribiera a una tarjeta de fidelización de su enseña. Me resistí pese a sus buenos argumentos y aunque decir NO siempre nos resulta violento, este buen señor me lo puso muy fácil, me volvió a sonreir, mirarme a los ojos, desearme un buen viaje por mi nombre y apellidos y que quedaba a la espera de una próxima visita.
Fráncamente, salí agradablemente sorprendido y dispuesto a repetir el próximo viaje.
Este señor solo aplicó lo que en muchos otros negocios es una rutina y norma habitual, pero el hecho de hacerlo en un sector poco orientado al servicio excelente, lo convirtió en diferente y casi innovador.
¿Si todos los expendedores de esta gasolinera trabajaran 24hx7 con este nivel de excelencia no se convertiría pronto en una estación de servicio reconocida y con más éxito que las de sus alrededores?
En ese contexto es difícil salir con buena cara de una parada en medio de la Nacional III volviendo de Madrid a casa, y sin embargo, tengo que contar que así fué:
Después de autoservirme el combustible en mi coche fuí a pagar al interior de la estación de servicio. El señor que me esperaba para cobrarme, sorprendentemente me miró a los ojos, me sonrió, me saludó las buenas tardes y ágilmente recogió mi tarjeta de crédito, leyó mi nombre y acabó por saludarme personalmente vocalizando mi nombre (y a todos nos gusta oir nuerstro nombre, sentirnos reconocidos).
A la vez que me cobraba me ofreció que me adscribiera a una tarjeta de fidelización de su enseña. Me resistí pese a sus buenos argumentos y aunque decir NO siempre nos resulta violento, este buen señor me lo puso muy fácil, me volvió a sonreir, mirarme a los ojos, desearme un buen viaje por mi nombre y apellidos y que quedaba a la espera de una próxima visita.
Fráncamente, salí agradablemente sorprendido y dispuesto a repetir el próximo viaje.
Este señor solo aplicó lo que en muchos otros negocios es una rutina y norma habitual, pero el hecho de hacerlo en un sector poco orientado al servicio excelente, lo convirtió en diferente y casi innovador.
¿Si todos los expendedores de esta gasolinera trabajaran 24hx7 con este nivel de excelencia no se convertiría pronto en una estación de servicio reconocida y con más éxito que las de sus alrededores?
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