30.12.09
Pónmelo fácil. Pónselo fácil.
Cuando uno trabaja en equipo o cuando tiene proveedores internos o externos suele demandar tareas a colaboradores especialistas (ej.: una valoración, un diseño de solución, un respuesta a una cuestión técnica de un cliente, etc.) para completar un trabajo determinado.
El colaborador, por supuesto muy bueno en lo suyo, suele dar una buena respuesta a lo que se le ha preguntado. Ese es un buen profesional que cumple honestamente con su trabajo.
Sin embargo, es habitual que una vez recibida la respuesta sea necesario, antes de incluirla en una propuesta global o una respuesta al cliente, por ejemplo, el tener que digerirla en profundidad y modificar el planteamiento, cambiar el lenguaje, sustituir palabros, adecuar el formato o la estética, corregir faltas ortográficas y slang, traducir del inglés, fusionar 3 correos anexados o 5 links con diversos contenidos, etc., etc...

La cuestión es que después de un buen trabajo del colaborador que le ha ocupado 2 horas, por ejemplo, nos toca dedicarle otra hora más para rehacer algo que con 10 minutos más el colaborador podría haberlo dejado preparado para su inclusión o envío cuasi-directo al cliente sin tener que empezar de nuevo.
Este cariño por el detalle y empatía por el siguiente miembro de la cadena hace que un buen trabajo se convierta verdaderamente en excelente.
Cuando este concepto lo llevamos al terreno de la consultoría sería como la diferencia entre enviarle un correcto cuestionario con 200 preguntas a un cliente esperando que nos devuelva las respuestas que procedan, o bien decidir dinámica e inteligentemente cuales son las 40 preguntas necesarias, acompañadas de las respuestas probables, que hay que facilitarle en vivo y en directo al cliente para ocasionarle el menor trastorno posible.
Yo reclamo a los que me rodean que me lo pongan fácil y al la vez prometo ponérselo fácil a cualquiera que reclame mi colaboración (no me va a suponer más que un 10% adicional y el conjunto ganará en eficiencia un 40%).
NO CONFUNDIR con que reclamo o acepto el "NO ME HAGAS PENSAR". Todo lo contrario, si un eslabón de la cadena se puede permitir el lujo de NO PENSAR y exigir que se lo den mascado es que es superfluo y puede eliminarse. Me refiero a "si podías haberlo escrito directamente en lenguaje formal, no me envíes un correo como si fuera un SMS de un adolescente, por la gloria de tu ...".
La mejora de la competitividad exige la eliminación de redundancias en el trabajo en equipo.
Cada eslabón debe pasar su entregable al siguiente con el mayor grado de conformidad a lo esperado y evitar que sea el siguiente eslabón el que lo re-haga o, mucho peor, que lo rechace.
Pónmelo fácil. Pónselo fácil. POR FAVOR.
Etiquetas: competitividad, eficiencia, redundancia