20.1.09
Mejor no robar al cliente

Si trabajas en la construcción es recomendable no llevarte cada jornada unos cuantos ladrillos y un saco de cemento a tu casa o para tu proyecto particular. Parece obvio...
En nuestro mundo de la ingeniería y consultoría lo anterior se traduce en no robar ciclos de nuestras CPUs y los ciclos de las CPUs que utilizamos, para nuestra casa, nuestros proyectos particulares o concretamente los de otro cliente. A ello hay que sumar distracciones y enredos personales en lugar de estar plenamente concentrados en el proyecto del cliente.
Cuando estamos en casa del cliente la cosa se hace muy evidente con los típicos y denunciantes golpes de click minimizando una ventana justo cuando percibimos que el cliente nos ronda por la espalda, o con varias ventanitas abiertas a la vez para colar en una de ellas temas ajenos al proyecto. El cliente, que no es nuevo en su trabajo, lo ve, lo calibra y se siente agredido cuando el jefe de proyecto luego le pelea las horas dedicadas al proyecto o trata de justificar un sobreesfuerzo a la vez que el cliente intuye que sin todas esas distracciones hubiera salido en coste.
Cuando el cliente está separado del equipo, parece que es más difícil que perciba ese "robo", pero al contrario, es todavía más delicado porque típicamente tiene control sobre el coste de ciertas tareas, productos, actividades, etc. y cuando le llevamos otro importe o duración superior extrapola que ese "hurto" se ha cometido para el resto de variables que no controla, con lo que el efecto es todavía más alarmante.
La recomendación es sencillamente ser honrados y responsables con nuestros actos y actividades con o sin el cliente delante, para no quedar al descubierto tontamente y encima con razón. Perder la credibilidad es la peor de las enfermedades que puede padecer un profesional de la consultoría e ingeniería. Como tantas otras virtudes, cuesta de ganar toda una vida y se puede perder en un click donde no se debe.
En nuestro mundo de la ingeniería y consultoría lo anterior se traduce en no robar ciclos de nuestras CPUs y los ciclos de las CPUs que utilizamos, para nuestra casa, nuestros proyectos particulares o concretamente los de otro cliente. A ello hay que sumar distracciones y enredos personales en lugar de estar plenamente concentrados en el proyecto del cliente.
Cuando estamos en casa del cliente la cosa se hace muy evidente con los típicos y denunciantes golpes de click minimizando una ventana justo cuando percibimos que el cliente nos ronda por la espalda, o con varias ventanitas abiertas a la vez para colar en una de ellas temas ajenos al proyecto. El cliente, que no es nuevo en su trabajo, lo ve, lo calibra y se siente agredido cuando el jefe de proyecto luego le pelea las horas dedicadas al proyecto o trata de justificar un sobreesfuerzo a la vez que el cliente intuye que sin todas esas distracciones hubiera salido en coste.
Cuando el cliente está separado del equipo, parece que es más difícil que perciba ese "robo", pero al contrario, es todavía más delicado porque típicamente tiene control sobre el coste de ciertas tareas, productos, actividades, etc. y cuando le llevamos otro importe o duración superior extrapola que ese "hurto" se ha cometido para el resto de variables que no controla, con lo que el efecto es todavía más alarmante.
La recomendación es sencillamente ser honrados y responsables con nuestros actos y actividades con o sin el cliente delante, para no quedar al descubierto tontamente y encima con razón. Perder la credibilidad es la peor de las enfermedades que puede padecer un profesional de la consultoría e ingeniería. Como tantas otras virtudes, cuesta de ganar toda una vida y se puede perder en un click donde no se debe.