25.5.08
El éxito pese al servicio obtuso
En ocasiones una empresa o profesional puede permitirse el lujo de quebrar garrafalmente en alguna dimensión de su servicio, y sin embargo triunfar y considerarse exitosa, lo que no me atrevería a decir es durante cuanto tiempo.
Tengo en mi haber la lejana experiencia personal de tener que acudir al dentista como una de los peores trámites que se tenían que sufrir en nuestra niñez. La experiencia era muy desagradable, no solo porque uno siempre salía escocido de la visita sino porque las consultas de los dentistas daban miedo, había que esperar mucho, el dentista solía ser poco amable y el dispensar del dolor no parecía una prioridad. Afortunadamente (para los sufridores) los tiempos han cambiado y la avalancha de competencia privada ha obligado a convertir la experiencia de ir al dentista en algo menos traumático ya que hay más amabilidad y sonrisas, menos dolor, más color y menos esperas. Parece que la competencia nos obliga no solo ha dar calidad de producto (o proyecto) sino a servirlo de forma más que adecuada.
El exceso de competencia nos lleva además a tenerlo que ofrecer de forma diferenciada y excelente. Hoy hay exceso de competencia en casi todos los ámbitos.
A día de hoy conozco una excepción en un ámbito médico similar, donde como no tienen apenas personal para atender la recepción y al teléfono es prácticamente imposible dar con ellos y, por ejemplo, coger una cita. La solución que dan es el que se les envíe un fax para cualquier consulta y ellos ya develverán la llamada cuando puedan. Lo más gordo es que cuando se les preguntya si en vez de un fax puede ser un eamil, responden (sin avergonzarse) que no tienen de esas cosas. Para más desesperación, las esperas son interminables.
Actualmente es uno de los médicos de su especialidad más demandados y sus tarifas así lo refrendan, pero personalmente, estoy deseando encontrar otro igual de bueno, pero que además me atienda como me merezco. Dada la oferta actual, no tardaré en encontrarlo...
Tengo en mi haber la lejana experiencia personal de tener que acudir al dentista como una de los peores trámites que se tenían que sufrir en nuestra niñez. La experiencia era muy desagradable, no solo porque uno siempre salía escocido de la visita sino porque las consultas de los dentistas daban miedo, había que esperar mucho, el dentista solía ser poco amable y el dispensar del dolor no parecía una prioridad. Afortunadamente (para los sufridores) los tiempos han cambiado y la avalancha de competencia privada ha obligado a convertir la experiencia de ir al dentista en algo menos traumático ya que hay más amabilidad y sonrisas, menos dolor, más color y menos esperas. Parece que la competencia nos obliga no solo ha dar calidad de producto (o proyecto) sino a servirlo de forma más que adecuada.
El exceso de competencia nos lleva además a tenerlo que ofrecer de forma diferenciada y excelente. Hoy hay exceso de competencia en casi todos los ámbitos.
A día de hoy conozco una excepción en un ámbito médico similar, donde como no tienen apenas personal para atender la recepción y al teléfono es prácticamente imposible dar con ellos y, por ejemplo, coger una cita. La solución que dan es el que se les envíe un fax para cualquier consulta y ellos ya develverán la llamada cuando puedan. Lo más gordo es que cuando se les preguntya si en vez de un fax puede ser un eamil, responden (sin avergonzarse) que no tienen de esas cosas. Para más desesperación, las esperas son interminables.
Actualmente es uno de los médicos de su especialidad más demandados y sus tarifas así lo refrendan, pero personalmente, estoy deseando encontrar otro igual de bueno, pero que además me atienda como me merezco. Dada la oferta actual, no tardaré en encontrarlo...
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